dijous, 4 d’octubre del 2012

Reflexiones encadenadas contra el desánimo

Carlos Carnicero

Vivimos en un mundo de imágenes y síntesis. Las reflexiones sosegadas sufren tsunamis de actualidad. Se ha enmadejado tanto el ovillo de la crisis que hemos perdido el punto de partida. Pero no podemos caer ni en la depresión ni en el nihilismo. La evidencia es tan potente que impide ver la realidad. Tenemos que superponernos aunque sea con reiteración ordenada.


La ventaja de la inmediatez es que todo se sabe, todo se ve. No nos pueden contar cuentos. Pero organizar la indignación, reflexionar sobre lo que ocurre y crear vectores de actuación eficaz, es una tarea casi imposible. Perseveraremos.
Si vemos vídeos de la brutalidad policial, la respuesta es felicitar a los agentes convirtiendo su crueldad en excelencia. ¡Y no pasa nada¡ Rubalcaba calcula la rentabilidad partidista de cada gesto; nunca se tira a la piscina porque quiere asegurarse de que hay agua. El PP dice en silencio, para que no se oiga, “!que se jodan¡”. Y quienes tienen coraje personal vuelven a Neptuno, un campo minado de infiltrados policiales, tan burdos que no pasarían el casting para una película de bajo presupuesto.
Primera obligación intelectual: repetir la realidad para que la propaganda no desvirtúe los origenes de la crisis, sus responsables y su concordancia con quienes siguen teniendo la decisión sobre nuestras vidas que ellos mismos están destrozando.
Segunda: terquedad en la convicción de que en esta democracia desnortada la última esperanza es la acción de cada ciudadano para que la resultante colectiva sea determinante.No podemos permitir una democracia secuestrada.
Europa ha transformado un sueño colectivo en una pesadilla. Dicen, los que mandan, una cosa y se precipitan a hacer condicionantes que hacen imposible cualquier eficacia contra la crisis.
Algunas consideraciones que no podemos olvidar:
Primera, estamos prisioneros del calendario electoral alemán. Un año de incertidumbre y de paréntesis político.
La señora Merkel está cautiva del escenario publicitario que ha creado. El renacido nacionalismo alemán se basa en una renovada supremacía aria. La historia se repite. Los trabajadores, honrados, persistentes ciudadanos del norte de Europa, frente a los vagos del sur. Todos los mediterráneos somos los nuevos judíos o los nuevos gitanos de Europa. Nuestro descrédito es su bandera de superioridad. Deshacer ese camino es una utopía a corto plazo. No nos meten en campos de concentración; basta con condenarnos a la pobreza.
Alemania ya ha roto Europa tal y como se diseñó la Unión. El Euro es insostenible con el diferencial de la deuda. Es un sistema de usura en el que vivimos para pagar intereses. Imposible crecer, crear empleo y riqueza.
Tercero: nadie se atreve a formular la pregunta de ¿qué ocurre si coordinamos los países del sur para plantear la salida del Euro? ¿No tiene sentido una unión de la Europa del sur?
Pero en eso también hay xenofobia, racismo y un plus de complejo de superioridad. Italia se siente superior a España. Nosotros no queremos que nos identifiquen con Grecia y Portugal. La insolidaridad es una pirámide que desciende sin piedad.
¿Por qué seguir comprando productos alemanes que se financian al cero por ciento, cuando nuestras industrias no tienen crédito?
Alemania está sumida en la inmediatez. Prefieren ser los líderes de sí mismos en una Europa que se desdibuja en el mundo que permitir la homologación.
El descrédito de la política no importa a sus líderes porque prefieren ser los jefes de un pequeño grupo que poner en cuestión la falta de democracia de sus partidos. Mandarán aunque solo sea en sí mismos con la esperanza de que los ciudadanos finalmente irán a votar.
Todas estas aparentes digresiones son algo más que un desahogo personal. Son un intento de vehicular un análisis que haga imprescindible una alternativa. Los ciudadanos están reaccionando por sí mismos. Hace falta alimentar la rebeldía con postulados de lo posible. En eso, modestamente, con humildad, pienso perseverar.

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