dimarts, 14 d’agost del 2012

Enric González: Cosas que no me creo


 Nos creíamos ricos y somos pobres. Vale. Hay otras falsedades que hemos creído, o hemos querido creer, o quieren hacernos creer. Vamos con diez de ellas.
  1. La transición del franquismo a la democracia fue un éxito. En un país como España, tan habituado a las guerras civiles y las dictaduras, vino a considerarse un triunfo histórico el hecho de que el cambio de régimen no fuera acompañado de matanzas generalizadas. Y superar la patética asonada del 23 de febrero de 1981 nos pareció el colmo de la madurez. La Transición, en realidad, fue un proceso relativamente superficial, tutelado por la entonces Comunidad Económica Europea y la OTAN y dirigido por los poderes fácticos (financieros y en menor medida religiosos), basado en un pacto de desmemoria, en la preservación de las estructuras de capital franquistas y en una serie de apaños lamentables, como el “café para todos” autonómico y la singularidad fiscal vasca. Se sacrificó la justicia en el altar del orden y, encima, se glorificó el resultado.
  2. España entró en la modernidad. Ni de broma. Por debajo de los nuevos rascacielos, las infraestructuras de lujo y el consumo de tecnología importada quedaron un sistema judicial antiguo e ineficaz, una inexplicable incapacidad para invertir colectivamente en investigación y desarrollo y un montaje fiscal tan yeyé que todo lo hace al revés: fomenta el fraude (estimado en 70.000 millones anuales), da vidilla a una robusta economía sumergida y asfixia a los asalariados y a las empresas medianas.
  3. Hubo un milagro económico. El supuesto milagro no fue otra cosa que un proceso de convergencia y unión monetaria con el resto de Europa, por el cual los tipos de interés quedaron por debajo de la inflación real y España se inundó de capital extranjero. Vendimos ladrillo, deuda y sol, lo cual equivale a plantar cizaña en el césped: las actividades especulativas desplazaron a las productivas. En realidad, sí hubo algo milagroso: que un mal encofrador ganara más que un buen médico. El gran problema de España es que carece de una economía realmente productiva y capaz de competir en el mundo, y por eso no crece, y por eso padece un desempleo endémico.
  4. Nuestros jóvenes están muy bien preparados. Pues no. Los jóvenes españoles están, en general, muy bien titulados, pero los bien preparados son, en porcentaje, pocos más de los de siempre. La masificación universitaria y la falta de empleo han generado una insólita proliferación de posgraduados sin expectativas y una fatigosa abundancia de idiotas con máster. Faltan técnicos medios, falta espíritu emprendedor y faltan oportunidades.
  5. Trabajamos poco. Cualquiera que haya vivido en España y en otros países sabe que, en comparación con bastantes de nuestros vecinos, los españoles trabajan y trabajan razonablemente bien. Otra cosa es la organización del trabajo. También es otra cosa lo poco que se incentiva el trabajo: a la sombra de un tentativo Estado del Bienestar se ha formado una espesa maleza disuasoria de subsidios e impuestos, y la llamada “cultura del pelotazo” (recuerden aquello que dijo Carlos Solchaga, ministro socialista, sobre lo fácil que era hacerse rico en España) ha hecho pensar que trabajar es de tontos.
  6. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Veamos. Las familias españolas deben unos 80.000 millones de euros y la suma se reduce cada mes. Si dividimos los 80.000 millones por diez millones de familias, o por cinco millones, sale un endeudamiento medio muy discreto. El gran problema son las hipotecas, pero no han sido los ciudadanos los que han creado la burbuja inmobiliaria ni los precios astronómicos de los pisos. Tampoco son culpables los ciudadanos de que el mercado de vivienda en alquiler sea raquítico. Las empresas españolas deben aproximadamente el doble que las familias, y el grueso de esa deuda corresponde a los grupos de mayor tamaño: Telefónica, superconstructoras, etcétera. O sea, que no. Los trabajadores hemos vivido según se podía vivir por las rentas y el crédito disponibles.
  7. La inmigración ha sido un problema. No fastidiemos. Esa idiotez se desmonta por sí misma.
  8. La culpa es de las autonomías. Hasta donde pudo entender el último que leyó la Constitución, las Comunidades Autónomas forman parte de la administración estatal. Han derrochado porque han montado sistemas clientelistas directamente emparentados con el antiguo caciquismo, pero sus problemas realmente serios corresponden a Seguridad Social, educación y otras competencias onerosas que fueron del Estado y se traspasaron a las autonomías. Los gobiernos autonómicos, con la excepción parcial del vasco, no recaudan pero gastan: eso es idóneo para propiciar el descontrol. El sistema se montó mal y funciona mal. Igual que la Unión Europea.
  9. La culpa es de los políticos. Claro. Todo es culpa de esos políticos a los que nadie vota. Ya. Echemos un vistazo a nuestro alrededor: jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas. Mirémonos a nosotros mismos. Visto lo visto, ¿qué clase de políticos esperamos tener? Pues eso es lo que hay. Y si hemos consentido que los partidos se convirtieran en máquinas recaudadoras (por la vía legal y la ilegal) y avasallaran el terreno que debían ocupar las instituciones, los profesionales y la ciudadanía, algo de culpa nos tocará a la gente. No basta con trabajar y pagar los impuestos, hay que vigilar y exigir. Es muy probable que la actual clase política se desplome, como en otros países quebrados. Si creen que lo que vendrá luego será mejor, hicieron bien en votar a Zapatero (“la crisis es un tema opinable”) y a Rajoy (“los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”), o a esos líderes nacionalistas que se envuelven en la bandera para encubrir lo que trincan.
  10. Los mercados son irracionales. Los mercados, especialmente cuando no existe regulación, tienden al fraude, a la especulación, al abuso y al enriquecimiento indecente de quienes ocupan en ellos posiciones dominantes. Pero rara vez se comportan de forma irracional durante períodos prolongados. Lo que contemplamos ahora no son unas horas de pánico bursátil más o menos carente de fundamento, sino una resistencia generalizada a prestar dinero a Estados, instituciones públicas y empresas cuya capacidad de devolver los créditos resulta más que discutible. Porque, hay que insistir, cuando no se crece se va a la insolvencia. Cada vez que alguien hable de “mercados irracionales”, piense usted en lo bien que se lo montan los capitostes de las finanzas y ríase.

dilluns, 13 d’agost del 2012

Sale a la venta el diccionario de bolsillo Rajoy-Español, Español-Rajoy

Incluye hasta 200 frases contradictorias


La Real Academia Española de la Lengua acaba de publicar un nuevo diccionario especializado en traducir las palabras de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, al idioma español, y viceversa. El diccionario no se ocupará únicamente de traducir términos sino también frases electorales completas, promesas al tun tun y afirmaciones gratuitas de toda índole. Entre sus páginas podemos encontrar desde la simple negación “no”, en idioma Rajoy, que el diccionario lo traduce en español como un “sí rotundo”, o la expresión “no está previsto” que en español significaría “ya está publicado en el BOE, imbéciles”, hasta frases rajoyanas como “no tocaré las pensiones” cuyo significado en español aparece traducido como “en cuanto pueda me follaré a todos los pensionistas”. Otra de las expresiones más populares del político, “la culpa es de Zapatero”, viene traducida al castellano como “que burro soy, hostia puta”.
De la misma manera, las entradas relativas a la grave situación económica se interpretan en este diccionario con enorme claridad y sencillez: “Saldremos de la crisis con el esfuerzo de todos”, hablado en el idioma Rajoy debe de entenderse como “tengo cuatro años para vender España a siete hijos de puta”.
La obra es particularmente útil a la hora de interpretar los telediarios de TVE y, en general, para entender la actualidad política que cuentan la mayoría de los medios de comunicación.


dijous, 9 d’agost del 2012

Sois escoria

Por Javier Gallego
Sois escoria. No valéis nada. Sobráis. Sois una carga. Sois minusválidos. Valéis menos. No valéis nada. No sois. Peor que eso. Sois un gasto, una excrecencia, una molestia. Nos costáis dinero. Nos salís caros. Y os lo vamos a hacer pagar caro porque estamos hartos de cargar con vosotros.

Estamos hartos de cargar con parapléjicos, paralíticos cerebrales, enfermos que no se pueden valer por sí mismos, viejos con Alzheimer, discapacitados y demás seres dependientes y por eso no vamos a cargar con muchos de ellos. No vamos a cargar con casi medio millón de dependientes moderados. Si pueden moverse, vestirse o comer moderadamente por su cuenta y no se hacen sus necesidades encima que no las hagan encima de nosotros, que se paguen sus necesidades. Nosotros tenemos que “moderar” el gasto.
Estamos hartos de cargar con los familiares que cuidan a esos enfermos. Vamos a reducirles como mínimo un 15% en su asignación de 400 euros al mes a esas mujeres que han consagrado su vida a su cuidado. Se la vamos a dejar en 340 y nos vamos a dar un plazo de hasta dos años para pagarles. A lo mejor para entonces ya ni lo necesitan….
Y a las que lo necesiten a partir de ahora, las que se encuentren con la desgracia de una nueva una invalidez en la familia, vamos a dejar de pagarles la Seguridad Social, como se hacía hasta este momento. Así no cotizarán y no tendremos que pagarles la jubilación. Se la tendrán que pagar ellas. Que se busquen la vida. O que la pierdan. Como esos enfermos…
Estamos hartos de cargar con casi 6 millones de parados y a partir del sexto mes empezaremos a pagarles cada vez menos. Y a partir de ahora, dejaremos de invertir 1500 millones de euros en políticas de empleo. Para que se espabilen. Y si no espabilan, que se jodan. Y que se jodan los pobres, que hemos reducido casi 600 millones de ayuda al desarrollo. Estamos hartos de ellos.
Estamos hartos de los inmigrantes, especialmente de los inmigrantes sin papeles y sobre todo, de los enfermos. No tienen papeles, sobre el papel, no existen. Vamos a hacer como que no existen. O mejor vamos a hacer todo lo posible para que dejen de existir.  Les vamos a quitar el único papel que tenían, la tarjeta sanitaria. A finales del mes que viene, 3000 ilegales y enfermos de SIDA dejarán de recibir medicación. Que se la paguen. O que se vayan por donde han venido. Por donde se van también muchos españoles.  Más de 40.000 en el último año. La mayoría jóvenes en la treintena. Que se vayan también.
Estamos hartos de cargar con los jóvenes. Más del 50% no tienen trabajo. Ni casa. Aquí no van a encontrarla. Ni les vamos a ayudar a pagarla. Hemos recortado 322 millones en ayudas a la vivienda. Se van a acabar “los subsidios, las subvenciones y las mamandurrias”, o sea, los sueldos que se cobran sin merecer, las gangas indefinidas. Se van a acabar para vosotros, como ha dicho Esperanza Aguirre en nuestro nombre. Cobráis sin merecerlo. No merecéis vivir. Trabajad sin cobrar. Conformaos con sobre-vivir. Nosotros viviremos sobre vosotros. Para seguir cobrando sin trabajar. Para seguir ganando nuestras mamandurrias. Para seguir mamando del bote.
Sois nuestras mamandurrias. Sois lo que cobramos sin merecerlo. Sois una ganga. Por eso, estáis de saldo. Y os estamos vendiendo. Cuando terminemos de usaros, os tiraremos a la basura. Como cualquier mercancía.
Firmado, el Gobierno y amigos.

dimecres, 8 d’agost del 2012

Los 26 multimillonarios que están comprando las elecciones de EE.UU. del 2012 expuestos


El senador de los EE.UU. Bernie Sanders, en un reporte que ha hecho público, ha expuesto los 26 nombres de multimillonarios pertenecientes a 23 familias que estarían comprando las próximas elecciones de este 2012 a través de sus donaciones millonarias, usando una organización llamada "Citizens United (Ciudadanos Unidos)".

En realidad, el senador estimó que estos 26 multimillonarios son la punta del iceberg: "Mi conjetura es que el número es en realidad mucho mayor, porque muchos de estos aportes se realizan en secreto. En otras palabras, no se contentan con tener nuestra economía, el 1 por ciento quiere ser dueño de nuestro gobierno también.", dijo.

Añadió además que: "Lo que hizo el Tribunal Supremo en el Citizens United es decir a estos mismos multimillonarios y a las corporaciones que controlan:" Sois dueños y controláis la economía, sois dueños de Wall Street, sois dueños dueño de las empresas del carbón, sois dueños de las compañías petroleras. Ahora, por un muy pequeño porcentaje de su riqueza, vamos a darle la oportunidad de poseer el gobierno de los Estados Unidos '".

Y no se limitó con esto sinó que dió los nombres de estos 26 multimillonarios, que son los siguientes:

  1. Sheldon Adelson, dueño de Las Vegas Sands Casino, que vale cerca de $ 25 mil millones, haciendo de él la persona más rica número 14 en el mundo y la séptima persona más rica de Estados Unidos. Mientras que el ingreso familiar promedio se desplomó en casi un 40% a partir de 2007-2010, el Sr. Adelson ha experimentado un aumento de casi ocho veces en su riqueza en los últimos tres años (de $ 3,4 mil millones a $ 24,9 mil millones). Forbes informó recientemente que Adelson está dispuesto a gastar una cantidad "ilimitada" de dinero o de más de $ 100 millones para ayudar a la derrota del presidente Obama en noviembre. En España lo conocemos por ser el impulsor del infame proyecto de Eurovegas.
  2. Los Koch (David, Charles y Willliam) valen un total de $ 103 mil millones, según Forbes. Se han comprometido a gastar alrededor de $ 400 millones durante la temporada electoral de 2012. Los Koch poseen más riqueza que la parte inferior del 41,7 por ciento de los hogares americanos o más de 49 millones de estadounidenses juntos.
  3. Jim Walton tiene un valor de $ 23,7 mil millones. Ha donado $ 300.000 a los super PACs (El "súper PAC" es como un tradicional PAC (Comité de Acción Política), sin muchas de las restricciones. Por ejemplo, un "Superpac" puede recaudar y gastar cantidades ilimitadas de dinero para el único propósito de apoyar u oponerse a candidatos políticos en 2012.)
  4. Harold Simmons tiene un valor de $ 9 mil millones. Ha donado $ 15,2 millones para el súper PAC de este año.
  5. Peter Thiel tiene un valor de $ 1.5 mil millones. Ha donado 6,7 millones dólares al súper PAC de este año.
  6. Jerrold Perenchio tiene un valor de $ 2,3 mil millones. Ha donado $ 2.6 millones para los súper PAC este año.
  7. Kenneth Griffin tiene un valor de $ 3 mil millones y ha dado $ 2,08 millones al súper PAC en 2012.
  8. James Simons vale $ 10,7 mil millones y ha dado $ 1.5 millones para el súper PAC este año.
  9. Julian Robertson tiene un valor de $ 2.5 mil millones y ha dado $ 1.25 millones al súper PAC este año.
  10. Robert Rowling tiene un valor de $ 4,8 mil millones y ha dado $ 1,1 millones para el súper PAC.
  11. John Paulson, el gestor de fondos de cobertura (hedge fund) que hizo su fortuna apostando a que el mercado de hipotecas sub-prime se vendría abajo, vale $ 12,5 mil millones. Ha donado $ 1 millón para el súper PAC.
  12. Richard y J.W. Marriott valen un total de $ 3.1 mil millones y han donado $ 2 millones para el súper PAC este año.
  13. James Davis vale $ 1,9 mil millones y ha dado $ 1 millón para el súper PAC este año.
  14. Harold Hamm, tiene un valor de $ 11 mil millones y ha dado 985.000 dólares la súper PAC este año.
  15. Kenny Trout vale más de $ 1.2 mil millones y ha dado $ 900.000 al súper PAC este año.
  16. Louis Bacon tiene un valor de $ 1,4 mil millones y ha dado $ 500.000 al súper PAC este año.
  17. Bruce Kovner vale $ 4,5 mil millones y ha donado $ 500.000 al súper PAC este año.
  18. Warren Stephens tiene un valor de $ 2.7 mil millones y ha dado $ 500.000 al súper PAC este año.
  19. David Tepper vale $ 5,1 mil millones y ha donado $ 375.000 al súper PAC este año.
  20. Samuel Zell vale $ 4,9 mil millones y ha donado $ 270.000 al súper PAC este año.
  21. Leslie Wexner tiene un valor de $ 4,3 mil millones y ha dado $ 250.000 al súper PAC este año.
  22. Charles Schwab tiene un valor de $ 3.5 mil millones y ha dado $ 250.000 al súper PAC este año.
  23. Kelcy Warren vale $ 2,3 mil millones y ha donado $ 250.000 al súper PAC este año.
Parece ser que lo que más les gusta a estos multimillonarios es operar a través de Citizens United porque les permite actuar en la sombra, lejos de los ojos curiosos.

En realidad, no es nada nuevo, todos sabemos, o al menos intuimos, que el poder económico es el verdadero poder que mueve las cuerdas de los políticos electos, que son sus títeres. 

Como mínimo, y gracias a este senador, que seguro habrá tenido sus motivos, ahora podemos estar seguros de algunos de los nombres que están influyendo decisivamente en la campaña electoral de los EE.UU., todavía el país más poderoso del planeta, para este año.

dilluns, 6 d’agost del 2012

Niño Becerra: "España está avanzando inexorablemente hacia el despido libre"


elEconomista.es

El Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull, Santiago Niño Becerra, se ha referido en su artículo de hoy de La Carta de la Bolsa a la reforma laboral aprobada por el Gobierno, haciendo especial hincapié en el capítulo del despido.
"Dice el refrán que todo se acaba sabiendo" comienza su texto el experto para poner como ejemplo que hace tan sólo unos días hemos conocido el contenido de una carta que el BCE remitió al Gobierno en agosto de 2011, en el que se detallaba la factura del coste de comprar deuda pública española para evitar una debacle.
Sin embargo, Niño Becerra señala que lo más significativo de la misiva es la referencia que se hacía al contrato para Emprendedores. Al respecto, la carta rezaba que debería crearse un contrato laboral de carácter excepcional que contemple indemnizaciones bajas por despido durante un espacio de tiempo limitado.
Ante esta afirmación, el experto destaca que "la letra pequeña de la Reforma Laboral que tan rápidamente puso en marcha el actual Gobierno y que tan poco ha sido contestada, dice que este contrato para emprendedores que contempla el despido sin indemnización alguna en cualquier momento del primer año de contratación, se aplicará a las empresas de menos del 50 trabajadores mientras la tasa de desempleo se halle por encima del 15%".
Al hilo de esto, Niño Becerra puntualiza que durante "muchos, muchos años, muchísimos", la tasa de paro de nuestro país estará muy por encima del 15%, e incluso afirma que ha hay muchos estudios que determinan que España tendrá un desempleo estructural de entre el 14% y el 16%. Y, por otra parte, el límite de los 50 trabajadores "puede fácilmente eliminarse justificándolo en el hecho de que ello será positivo para... la creación de empleo".

Hacia el despido libre

Por tanto, Niño Becerra se atreve a asegurar tras esta explicación que "España está avanzando inexorablemente hacia aquella otra cosa que antes se denominaba 'despido libre' y que ya no se llama así porque es muy importante utilizar palabras y conceptos que no molesten, y las palabras y conceptos que tienen connotaciones negativas molestan".
"Es mucho mejor justificar las decisiones por medio de razonamientos técnicos. Despido libre, no: adecuación permanente de las condiciones de contratación a las necesidades de la demanda de trabajo en una atmósfera de optimización continuada del uso de los factores productivos. Se está diciendo lo mismo, pero, ¿a quién molesta?" razona el experto en su artículo titulado 'The Letter'.
Y si a esto le añadimos, según el economista, que los convenios colectivos sectoriales y provinciales "no van a tener cabida", lo que puede esperarse de España es: "un factor trabajo muy barato tanto en términos medios como individuales, una tasa de desempleo estructural muy elevada, la generalización del empleo a tiempo parcial y de forma discontinua, y todo ello acompañado de la reducción de la protección por desempleo (debido a la caída en la recaudación fiscal) y a fin de contribuir a que las estructuras de costes sean lo más reducidas posibles", sentencia.

divendres, 3 d’agost del 2012

Sánchez Gordillo: "Los recortes consisten básicamente en que los ricos roban a los pobres"


El alcalde de Marinaleda y parlamentario de Izquierda Unida está convencido de que, ante las medidas del Gobierno, hay que rebelarse "mejor" y "con más ganas"

JUAN JOSÉ TÉLLEZ

Nadie diría que ya tiene 63 años y que resultó elegido alcalde de Marinaleda (Sevilla), con treinta, allá por el año 79 cuando era profesor de historia en un Instituto. Juan Manuel Sánchez Gordillo participó en la creación del Sindicato de Obreros del Campo o de la Candidatura Unitaria de Trabajadores. Sigue siendo alcalde y parlamentario de Izquierda Unida, aunque mantenga cierta distancia respecto a la dirección actual de la coalición. También forma parte, en la actualidad, del Sindicato Andaluz de Trabajadores, que promovió esta semana la ocupación de la finca Las Turquillas, que viene utilizando el ministerio de Defensa como yeguada militar: "La ocupamos con una representación bastante grande de gente llegada de toda Andalucía. Se ha hecho un campamento allí, con un grupo y mañana se empieza a labrar la tierra en un huerto pegado al cuartel de los militares".

"La idea es mantenernos ahí. No tiene sentido que en siglo XXI el Ejército ocupe tanta tierra, 1200 hectáreas, cuando con diez fanegas tendría suficiente. El Ejército no es buen agricultor, ni tiene capacidad para labrarla".
El propósito de los jornaleros es aprovecharla "para el turismo, la agricultura ecológica y ofrecer empleo de forma parecida a como hicimos en Marinaleda, a través de la industria agroalimentaria, con la transformación de productos ecológicos". También a Marinaleda, aquel antiguo confín de campesinos reconvertido en ayuntamiento y en utopía asamblearia, está llegando la crisis: "Se nota un poco en los precios de los productos agrícolas y en la financiación -afirma Sánchez Gordillo, quien mantiene la apariencia y la actitud que lo convirtieron en referente de un cierto sector de la izquierda española, pero que ha compaginado dicha estampa con la de la gestión municipal-. Tenemos problemas de liquidez pero estamos vendiendo bien los productos. En términos generales, en la agricultura y en la alimentación se ha notado menos en la crisis. Lo que ocurre es que la gente que se había ido del campo para trabajar en la construcción está volviendo en demanda del empleo. Así que no sólo hay que mantener el empleo que existe sino que hay que incrementarlo. La agricultura ecológica da más empleo que la tradicional, eso es cierto. Claro que para salvarla de la situación de la crisis y del encarecimiento de los productos agrarios, estamosintentado un comercio horizontal, con un diálogo de cooperativa a cooperativa y estableciendo relaciones con otros países donde haya experiencias de este tipo. Queremos crear riqueza y empleo con un comercio más justo".
"No tiene sentido que en siglo XXI el Ejército ocupe tanta tierra" 
Durante el actual conflicto de la minería, los jornaleros andaluces han visto las barbas del vecino puestas a remojo, cuando en Andalucía y en Extremadura existe una forma de subsidio agrario, conocida popularmente como el Plan de Empleo Rural (PER) aunque haya recibido otras denominaciones, que recuerda en parte a las subvenciones mineras. En el caso extremeño-andaluz los subsidios europeos beneficiaron más a los grandes terratenientes que a los campesinos pero al menos permitió cierta dignidad de vida a este último colectivo.
Ahora, hay quien piensa que esa paz social está en peligro: "Se rumoreó que determinadas prestaciones agrícolas iban a eliminarse, pero no se les ha tocado. En el campo, a los mayores de 52 años, por ejemplo, se les da un pequeño subsidio para que no tengan que buscar peonadas como los jornaleros más jóvenes. Algo así como una jubilación prematura. Ahora se ha dicho que va a pasar a los 55 años, pero lo que no se dan cuenta es que esos mayores de 52 son los que están alimentando a la familia, porque apenas hay trabajo. Si quitamos ese subsidio o lo postergamos, llegamos al hambre física. Así que creo que, al paso que vamos, el movimiento jornalero se va a radicalizar".
"No estoy de acuerdo con el pacto de gobierno en Andalucía" 
Sigue siendo un verso libre en Izquierda Unida, aunque no faltó quien apostara porque Sánchez Gordillo abandonaría la coalición cuando se negó a secundar el pacto de gobierno entre dichas siglas y el PSOE de Andalucía, durante el pasado mes de mayo: "Yo hice un discurso durante las elecciones en el sentido de que no nos íbamos a rendir a los mercados. Y los mercados lo que han hecho ha sido apretar su dictadura y hay que rebelarse mucho mejor de lo que lo estamos haciendo, con más ganas. No estoy de acuerdo con el pacto de gobierno en Andalucía porque se veía venir lo que está viniendo, esto es, que estamos comulgando con ruedas de molinos. Una fuerza anticapitalista no puede aceptar recortes, sencillamente. No se trata de aliviarlos, es que no puedes aceptarlos. Los recortes consisten básicamente en que los ricos roban a los pobres. Aquí estamos trabajando para los bancos alemanes. La deuda, además de ilegítima es impagable. Y, por ella, estamos desmantelando el Estado del bienestar y servicios tan esenciales como la salud y la educación. Desde Andalucía hace falta mostrar una clara rebeldía contra Madrid, contra Bruselas, contra todo lo que está ocurriendo. Hay que salirse del gobierno o provocar otro cuatro de diciembre".
Sánchez Gordillo hace alusión a una fecha emblemática del andalucismo reciente, cuando toda Andalucía salió a la calle un 4 de diciembre de 1977, con banderas blanquiverdes, para exigir la autonomía plena y el estatuto autonómico que no pudo promulgarse en su día por el estallido de la guerra civil. En un momento histórico en el que las autonomías parecía que iban a reducirse a las históricas, los andaluces fueron movilizándose hasta conseguir el café para todos que hizo posible el estado actual, que ahora también el neoliberalismo pone en cuestión.
"El movimiento jornalero se va a radicalizar"
"Si el Gobierno no gobierna, los de Izquierda Unida desapareceremos del mapa. Claro que esa actitud mía provoca que esté un poquito castigado de puertas para adentro. Antes, yo llevaba la portavocía de Agricultura, de Sanidad y Vivienda y ahora no tengo ninguna. No puedo intervenir en la tribuna de oradores porque no soy portavoz de nada. Pero sigo siendo un diputado de la calle, estoy en las manifestaciones, en los desahucios; estoy con el 15-M cuando ocupan viviendas vacías y ahora estoy ocupando fincas. También voy a buscar la forma legal para sin salirme de Izquierda Unida, porque creo que es un buen punto de partida y las bases están cada vez más rebeldes, saber qué iniciativas puedo afrontar por mi cuenta y qué puedo decir o no en la tribuna de oradores".
En los últimos tiempos, Sánchez Gordillo se mantiene en contacto permanente con Julio Anguita, con quien ahora se reúne "periódica y sistemáticamente".
"Él ha estado siempre muy en contra del pacto y mucho más, después de la aplicación de los recortes. Él dice que hemos pasado la raya y que Izquierda Unida ha cavado su propia tumba. Él plantea una alternativa global contra todo esto porque entiende que el problema ya no sólo estriba en que pueda desaparecer el Estado del bienestar sino el propio estado o la civilización occidental. O sacamos la crisis en clave democrática, o lo único que lograremos es que haya más miseria para los pobres, con más recortes. O no sé si acaso una tercera crisis mundial porque la depresión de 1929 se resolvió con la Segunda Guerra. Aquí y ahora, Estados Unidos ha aumentado los gastos militares en un 67%, Rusia en un 81%, y China en un 195%, casi ha triplicado dichos presupuestos. Vamos a ver si al final la crisis no se resuelve con la típica válvula de escape de destruir para construir. La invasión de Libia, lo que ocurre en Siria y lo que pueda ocurrir en Irán, solamente persigue controlar las energías. En estos momentos, existe más inestabilidad para la paz que hace quince años. Las salidas que hasta ahora han planteado para la actual crisis han fracasado. Los problemas de mercado, decían, hay que resolverlos con más mercado. Lo de más mercado nos lleva al desastre, nos lleva a regresar cincuenta años atrás desde el punto de vista social".
"Hay que salirse del gobierno o provocar otro cuatro de diciembre"  
Sánchez Gordillo cree de firme en una plataforma amplia que buscara respuestas comunes más allá de las recetas del capitalismo, que se han revelado como poco eficaces en estos momentos cruciales: "Lo que sería bueno -afirma- es que Izquierda Unida despertara y si despierta una parte del PSOE también sería bueno, pero de alguna manera eso de pasar a sentirnos parte del Estado para paliar la crisis es caer en la trampa de hacer el recorte más pasable. Yo no quiero que me maten cruenta o incruentamente, lo que quiero es que no me maten. Esto es terrorismo económico de primera magnitud".
El alcalde de Marinaleda se encuentra a diario con el rostro de la desesperación: "A mí me vienen los casos más desesperados, los de familias trabajadoras normales que lo ganaban bien en la construcción, y que ahora se encuentran sin empleo, sin casa y para ir al psiquiatra, que es terrible".
"Estuve en Grecia y había colas para la comida. Se te ponen los vellos tiesos y esos tíos que viven bien nos dicen que hay que apretar. Apriete a quienes tengan donde apretarle, no al que no tiene donde vivir. Frente a eso hay que movilizarse, desde Andalucía, desde el Estado español y el sur de Europa, desde la periferia. He visto en Grecia cosas dantescas, en Portugal, en Irlanda, en Italia también están las cosas mal. Algo habrá que hacer. Hay condiciones objetivas casi revolucionarias, pero no hay organizaciones políticas ni sindicatos anticapitalistas que sirvan como bandera. La gente no encuentra instrumentos, referentes, herramientas para decir ya se acabó. Pero también estoy convencido de que la gente va a salir a la calle y va a aumentar la represión. No sé donde va a acabar esto. En cualquier momento se producirá un muerto. Será un accidente, como siempre, pero tienen que meter miedo de alguna forma".
"Esto es terrorismo económico de primera magnitud" 
Sánchez Gordillo, de hecho, pensaba que la primera baja en las filas de los trabajadores iba a producirse durante la reciente marcha de los mineros: "Pensaba que iba a terminar ocurriendo ahí, porque la minería es gente recia en la pelea y estos quieren asustar, así que cualquier día se les escapa la mano o se produce un accidente entre comillas. Siempre, con la crisis ha aumentado la represión. O reaparece el fascismo como en Grecia, o el Estado represor".

dimecres, 1 d’agost del 2012

El triunfo de los mediocres


Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.  Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

dimarts, 31 de juliol del 2012

No es una crisis, es un cambio estructural

Blog de Fernando Sánchez Salinero

"No hay razón para que alguien quiera un ordenador en casa”. Ken Olson. Fundador de Digital Equipment Corp en 1977

No hay peor forma de arreglar un problema que equivocar el diagnóstico, porque cuanto más se profundiza en las aparentes soluciones, más se agrava la situación. Esto es lo que está ocurriendo con miles de empresas y con nuestro país. Todo el mundo habla que te habla de la crisis, y ese el menor de los problemas. El principal, el que no vemos, o no queremos ver, es el CAMBIO ESTRUCTURAL. ¿En qué consiste?
Vamos a irnos un poco atrás en el tiempo para que se comprendan fácilmente las consecuencias de las decisiones que se toman. Imaginemos una gran empresa que fabrique máquinas de escribir OLVIDETTI, que sea una gran empresa y que gane mucho, mucho dinero. Sus trabajadores tengan buenas condiciones laborales y sus directivos naden en la abundancia y el lujo.
Un día, alguien inventa un ordenador, y un analista se lo queda mirando y se da cuenta de que “eso” es el final del “mundo de las máquinas de escribir”. Va a Olvidetti y le dice que su mundo se va a terminar, y que, si se quieren salvar, deben cambiar radicalmente, ahora que tienen pasta.
El director general de Olvidetti mira al mindundi que le recomienda los cambios y luego mira a su sueldo y a su cuenta corriente, y dicen que tuvieron que sedarle para que parase de reír.
Cuando comentó “la anécdota” en la reunión de directivos, hubo que suspenderla porque no había forma de hacer algo medianamente serio debido a las risotadas.
El caso es que los ordenadores se van imponiendo y Olvidetti va haciendo máquinas eléctricas cada vez más sofisticadas, “para adaptarse a los tiempos”, pero el mercado se va cerrando. De momento no se nota mucho, porque otras fábricas de máquinas de escribir van desapareciendo y les van dejando su hueco.
Deciden tomar medidas y hacer grandes campañas de publicidad, que consumen muchos recursos y aumentar las comisiones de sus vendedores. Doblan el sueldo del director general que se apresura a doblárselo a toda la junta directiva y a todos los representantes sindicales.
Y llega el día en que los ingresos son menores que los gastos.
Empiezan a echar la culpa a la crisis y dicen que ha bajado el consumo de todo: ropa, cine, restaurantes… Que no son los únicos, y que siempre habrá hueco para unas máquinas que no consumen energía y nos han acompañado durante más de 100 años.
Empiezan a pedir préstamos para no tener que tomar “medidas dolorosas” y siguen insistiendo en las máquinas de escribir frente a los ordenadores.
Coaccionan al estado para que les subvencione la adaptación a la nueva realidad, pero todo el dinero se va en estudios y publicidad.
Hasta que, al final, la realidad impone su dura cara y se tienen que disolver, dejando un pufo de mil carallos a proveedores, bancos y demás familia.
Si una empresa, un país, cree que la crisis explica todo lo que le ocurre, la salvación es imposible, porque adoptarán las medidas equivocadas. “La crisis”, no representa más del 20% de nuestros problemas. El cambio estructural es lo verdaderamente importante. Querer prorrogar el siglo XX tuneando los negocios que fueron exitosos en el anterior siglo, es absurdo y no hará más que agravar los males.

Pongamos un ejemplo: Nokia, los mejores teléfonos “modelo siglo XX” un fracaso total por no entender el siglo XXI a tiempo. Este último trimestre “sólo” ha perdido 1.410 millones de euros. ¿Cuánto se puede aguantar esto? 

Pero asombrosamente Microsoft, la gran empresa de final del siglo XX, por primera en 26 años, ha perdido dinero (nada más y nada menos que 492 millones de dólares) en un trimestre. ¿No tenéis la sensación de que Microsoft lleva un tiempo tuneando sus programas sin proponer grandes revoluciones?

Curiosamente hace poco estas dos empresas han firmado una alianza ¿Será que comparten una forma de ver y “recordar” el mundo?

Las etapas finales de un modelo se caracterizan por la sinrazón colectiva, donde nadie quiere soltar lo que cree que ya le pertenece. Imaginad a un Técnico en teclas de máquina de escribir. No tiene alternativa en el mundo de los ordenadores. ¡Con lo que le costó llegar allí y los trienios que tiene! Imaginad al jefe de contabilidad, llevando unos libros de contabilidad “a máquina” y cobrando una fortuna porque dirige a otras 50 personas, en un trabajo que un ordenador haría en 5 minutos y con menos fallos. Para qué hablar ya del director comercial, que quiere seguir vendiendo como él lo hacía en el siglo XX, y presiona a la red comercial para que vendan algo que nadie quiere comprar.

En esta etapa final nadie quiere esforzarse, la “energía limpia de impulso” ha desaparecido y sólo queda la energía de lucha por el “¿qué hay de lo mío?”. Todo suelen tener chollos de beneficio individual a costa de la empresa: sueldazos, condiciones insostenibles, plantillas injustificadas, y el “cállate tú y que si yo hablo te hundo”.

Cuando tratas de hacer entender esto en cualquier empresa, muchas veces te miran como si hablases de los extraterrestres y, si lo empiezan a comprender, el miedo se apodera de ellos. ¡Demasiados cambios en la forma de entender la vida! “Me pillas en un momento en que no sé si tengo energía suficiente…” -suelen decir-.

El menor problema que tienen es de dónde se recorta. Por mucho que se recorte, las máquinas de escribir no encontrarán hueco en el mercado. Son de otro tiempo. 

Puede ser que nuestra cabeza siga en el siglo XX por múltiples razones: en la forma de comercializar nuestros productos o servicios, en la forma de articular la producción, en los productos que ofrecemos, en lo que aportamos al mercado, en la forma de repartir las cargas y las recompensas en la organización… Hay muchas posibles “trampas del pasado”.

Muchas veces no se cambia porque no se sabe hacia dónde. Y se agotan los plazos y los recursos con esa ceguera voluntaria. Generalmente el liderazgo suele ser muy débil y desde todas las partes de las empresas se presiona para seguir manteniendo sus status insostenibles. Los que tendrían que liderar se muestran abatidos, incapaces para el impulso y se dedican a “contemporizar” esperando a cerrar, con la menor “bronca” posible.

Para cambiarlo hay que ser perfectamente conscientes del final de una etapa y tener la capacidad de visión y comunicación para traccionar a la gente en la dirección hacia los cambios acertados.

Pero, ¿cuánto tiempo hemos dedicado a comprender cómo operar en el siglo XXI? ¿Quién nos ha enseñado? ¿Hablamos de crisis o de cambiar radicalmente nuestra forma de hacer?

Obviamente esto es mucho más complejo que un post de un blog. A ver si tengo tiempo este verano y escribo otro libro donde trate de explicar qué es una crisis y los efectos limitados que tiene y qué es un cambio estructural, cómo reconocerlo y cómo adaptarse.

El verano puede ser un buen momento para pensar si seguimos anclados en el siglo XX o ya estamos viviendo en el nuevo paradigma del siglo XXI. Va a suponer renuncias, incomprensión, miedos y zozobras. Cualquier cosa menos aferrarnos a un modelo que en muy poco tiempo desaparecerá por completo y el tren estará lejos para cogerlo.


dilluns, 30 de juliol del 2012

El tablero global


Carlos Enrique Bayo

No hacía falta que el ex economista jefe de la consultora McKinsey, James Henry, elaborase el más exhaustivo informe hasta la fecha sobre los paraísos fiscales para que nos oliésemos adónde han ido a parar las astronómicas cantidades que se han ido sustrayendo de las arcas públicas durante los últimos años, hasta que Montoro ha podido decir aquello de “no hay dinero”… para los pobres, claro. Pero esa investigación, encargada por Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal) nos ha dejado de piedra al descubrir que el monto total de la defraudación fiscal de las grandes fortunas, y las aún mayores compañías y entidades financieras, ascendió en cinco años (2005-2010) a una escalofriante cifra que supera ampliamente la suma de los PIB de EEUU y de Japón juntos.
Tampoco nos sorprende que Suiza y las Islas Caimán sean las guaridas preferidas por esos piratas para enterrar su botín, pero una vez más indigna la absoluta impunidad otorgada por nuestros gobiernos a la gran banca internacional cuyos abusos nos han precipitado al abismo: los diez mayores bancos privados del mundo (y no sólo los suizos, como UBS, sino también los de cabecera del Gobierno Rajoy, como Goldman Sachs, al que ha confiado el diagnóstico de Bankia) participan tan activamente en la administración de ese fraude global que sólo en 2010 gestionaron el equivalente a cuatro veces el PIB de España, es decir casi el triple que cinco años antes cuando aún no había estallado la crisis económica planetaria.
Vamos, que mientras el mundo entero se sumía en una recesión acelerada, las sociedades se empobrecían, los trabajadores perdían prestaciones sociales y derechos laborales, los gobiernos clamaban que sus ciudadanos habían vivido por encima de sus posibilidades, y en sólo ocho países occidentales (incluida España) se esquilmaba a los contribuyentes para entregar 1,2 billones de dinero público a la banca, esta última estaba multiplicando su negocio por tres. Claro que después declaraba pérdidas insostenibles, pero vistos los tejemanejes que van saliendo a la luz a medida que nos arruinan es más que difícil creerse sus cuentos… quiero decir, cuentas.
Una vez más, el caso español es diferente… para peor. Es de dominio público que España bate récords de manejo de dinero negro, puesto que casi las dos terceras partes de todo el efectivo en manos de los españoles está en billetes de 500 euros; precisamente los que jamás vemos circular en la economía real cotidiana de esos mismos ciudadanos. Ni más ni menos que 111 millones de billetes de 500… que nadie ve nunca. Bueno, seguro que alguien los ve, pero no creo que sea usted, querido lector.
Así que el Parlamento Europeo no hace más que lamentarse de que nuestro Gobierno no facilite datos fiables sobre la economía sumergida y el fraude fiscal en España. En suinforme de julio de 2008, la Eurocámara estimó que las pérdidas globales (directas e indirectas) de ingresos fiscales originadas por el fraude fiscal se sitúan en Europa entre los 200.000 y los 250.000 millones de euros anuales. Pero no pudo dar datos precisos sobre nuestro país.
Eso sí, los eurodiputados concluyeron que en esa liga España también es campeona: el dinero en metálico supone el 10% del PIB (el doble del nivel medio en la UE) y las transacciones que evaden el control del fisco ascienden a entre el 20% y el 25% del PIB, nuevamente duplicando la media europea. Una sencilla ecuación, empleando los datos conocidos de Producto Interior Bruto y presión fiscal media, permite calcular que las cantidades no ingresadas por Hacienda cada año suman alrededor de 70.000 millones de euros.
¡Qué casualidad que esa cifra sea casi igual que la cantidad de dinero que ahora el Gobierno del PP quiere quitar a los contribuyentes para “sanear” a la banca!

dissabte, 28 de juliol del 2012

Hemos vivido un sueño


Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar, dependemos enteramente de la Dama de Acero alemana 
JUAN GOYTISOLO
Hace poco más de un decenio, el llamado milagro español nos exaltaba y provocaba la admiración del mundo entero. Nuestro presidente del Gobierno, el héroe de la reconquista del islote de Perejil y miembro del famoso trío de las Azores que emprendió la noble y fructuosa (¡cifras cantan!) cruzada de liberación de Irak y la neutralización de sus armas mortíferas, aseguraba a quien quisiera oírle que España se había zafado de la funesta influencia francesa y había recuperado la grandeza perdida desde la época del emperador Carlos V. Los hechos o, por mejor decir, la información de los hechos, le daban la razón. España era la octava potencia mundial en términos económicos, los mercados alentaban nuestro imparable crecimiento y la marca España no era solo, como hoy, la de Nadal, el Real y el Barça, sino la de todo un país que caminaba con paso firme y resuelto por la recta vía del progreso y de la prosperidad.
 Eran los tiempos del ladrillo y del crédito fácil, de la feliz llegada del euro, de la culminación gloriosa de una transición democrática que servía de modelo urbi et orbi, de proyectos y obras faraónicas y de dinero derramado a espuertas.

Pero los milagros —con excepción de los científicamente demostrables por cámaras ultrasensibles en Lourdes y Fátima, según su Santidad Benedicto— no existen y en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, inesperada para los accionistas crédulos, pero no para sus directores ni para las hoy célebres agencias de notación, aquellos apresuraron a privatizar los beneficios de la venta de sus activos tóxicos en favor de los responsables de la bancarrota y a “socializar” las ingentes pérdidas a costa de los estafados. Después de una sarta de noticias funestas a los largo de 2009 y 2010, abrimos finalmente los ojos y, como dicen en Cuba, “caímos del altarito”. El sueño se había desvanecido y el despertar fue amargo. 

Lo de un país rico pero pueblo pobre es una constante de nuestra historia. En la época imperial evocada por José María Aznar, el oro de las Indias recalaba en España. No obstante, lo que no era invertido en la construcción de palacios e iglesias y en gastos suntuarios pasaba directamente a manos de los negociantes y banqueros de Génova y Ámsterdam. A diferencia del pragmatismo luterano, calvinista o anglicano forjador del moderno capitalismo según señaló Werner Sombart, el catolicismo hispano acumulaba sin medida fincas rústicas y heredades inmobiliarias y rechazaba por razones de hidalguía el comercio y la fabricación de bienes útiles. España, pese a los esfuerzos de los ilustrados y regeneracionistas y las actividades productivas de los llamados indianos, se descolgó del progreso europeo y quedó rezagada en su furgón de cola. A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, la conjunción de la salida masiva de emigrantes a una Europa a la que política y económicamente aun no pertenecíamos, con la entrada igualmente masiva de turistas procedentes del todo el Viejo Continente, y la llegada al Gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei, cambiaron las cosas. Estos últimos fueron nuestros calvinistas: desculpabilizaron al catolicismo de sus siempre ambiguas relaciones con el sistema de producción y espíritu de empresa del capitalismo, y asumieron el lema de “por el dinero hacia Dios”. Como previmos algunos en fecha tan temprana como 1964, el régimen franquista se desplomaría a la muerte del Caudillo no por la acción de una izquierda aferrada al recuerdo de su lucha heroica durante la Guerra civil, sino por la transformación de una sociedad que nada tenía que ver con la que se había alzado a poder por la fuerza de las armas 25 antes. 

Los logros de la transición que acabó con el ciclo de revoluciones, guerras civiles y dictaduras de espadones están a la vista de todos y recibieron el aplauso unánime de una Unión Europea que no tardaría en acogernos con los brazos abiertos y favorecernos con sus fondos de ayuda para el desarrollo. Pero sus limitaciones no tardarían en manifestarse mientras los sueños de grandeza se nos subían a la cabeza. Hubo una transición política de “borrón y cuento nuevo”, pero no educativa ni cultural. Los hábitos mentales creados por la rutina y el temor a las ideas frescas pero desestabilizadoras de las verdades consagradas se perpetuaron. Los sucesivos gobiernos de las tres últimas décadas no tuvieron unos la voluntad y otros el valor de denunciar el Concordato, de abolir las exorbitantes partidas presupuestarias y privilegios fiscales eclesiásticos y de crear un Estado verdaderamente laico, liberándose así de las recurrentes presiones y chantajes de una jerarquía ideológicamente retrógrada. Convertidos ya en nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, nuestra clase política, surgida al socaire de la bonanza económica y de un optimismo sin mácula, fundó sus criterios de la gestión pública en el clientelismo con el aplauso de unos ciudadanos que, confortados por el acceso a un crédito fácil, asumieron que este era un pozo sin fondo. El paso de una pobreza real a una riqueza ficticia no se produjo gradualmente sino con una brusquedad que no permitió la creación de una cultura amortiguadora de tan vertiginosa mutación. De ser un país de emigrantes en busca del pan que no ganaban en casa nos convertimos en otro que acogía a millones de fugitivos de la pobreza oriundos de Iberoamérica, Magreb y África subsahariana. 

El ejemplo más extremo pero sintomático de lo que ocurría en nuestras “enladrilladas” costas mediterráneas, lo hallé en El Ejido. El país misérrimo que visité hace poco más de medio siglo saltó de un brinco a ser uno de los municipios más ricos de Europa. En medio del mar refulgente del plástico de los invernaderos bajo el que se apiñaban en condiciones indignas millares de magrebíes y subsaharianos, la ciudad improvisada sin planificación alguna albergaba según un informe del Foro Cívico Europeo que cito de memoria, una cuarentena de agencias bancarias, ciento y pico prostíbulos y una librería a todas luces superflua a ojos de una comunidad para la que la educación era algo inútil de cara al logro y al manejo del dinero. ¿Quién iba a decir en 1997 que esta sociedad derrochadora y caciquil, fruto de la megalomanía de especuladores de toda laya a cargo de las Autonomías y Diputaciones —verdaderos reinos de Taifa— iba a convertirse de pronto en el nuevo “hombre enfermo de Europa”, como lo fue hace un siglo el imperio otomano?.

Al despilfarro y delirio de grandeza de la época de Aznar —el de la boda principesca en El Escorial, con un yernísimo que a diferencia del esposo de la infanta Cristina ha dejado misteriosamente de ser noticia— sucedió para alivio de muchos la llegada al poder de un joven y prometedor José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Sabía este en marzo 2004 la envenenada herencia que recibía en manos? Quienes creíamos que no, dado su tenaz optimismo y negación obstinada de la crisis que se nos venía encima después de la quiebra fatídica de Lehman Brothers, nos equivocamos de medio a medio. Un reciente artículo de Francesc de Carreras (La razón moral del indignado, La Vanguardia, 29-5-2012) me puso sobre la pista del libro de Mariano Guindal, El declive de los dioses, cuya lectura aconsejo vivamente, en la que su autor entrevista a quien pronto sería ministro de Industria de Zapatero en vísperas de las elecciones de 2004, y en la que Miguel Sebastián declara: “Menos mal que no vamos a ganar porque la que viene sobre España es gorda […]Tenemos una burbuja inmobiliaria y es inevitable que estalle y cuando esto ocurra se lo va a llevar todo por delante incluyendo los bancos”. Si, como admite el entrevistado, Zapatero y su equipo no estaban preparados para empuñar el timón en la tempestad que se avecinaba, cabía esperar al menos que dieran a conocer la “tremenda” situación que heredaban. La culpa no era suya, y lo razonable hubiera sido coger el toro por los cuernos y afrontar con urgencia la previsible catástrofe. 

Por desgracia no lo hicieron y al desmadre especulativo y saqueo del erario público sucedió su incomprensible ocultación. Todo iba bien, seguíamos en el mejor de los mundos, hasta el momento (abril 2011) en el que ya resultó imposible negar la vorágine en la que nos anegábamos y, con dicho reconocimiento tardío, Zapatero cavó su propia tumba. 

Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar a Inglaterra, Norteamérica, Suiza o Alemania y másters en mano se ven obligados a asirse al empleo que sea en medio del naufragio; cuando liberados de la influencia francesa (¡ah, el sublime Aznar!) dependemos enteramente de la Dama de acero alemana y de las voraces agencias de notación; cuando los mineros de Asturias en huelga marchan a pie hasta Madrid y sacuden con sus justas reclamaciones los fundamentos éticos de un Estado presuntamente democrático, ¿que hacen Rajoy y su flamante Gobierno? Negar ya no la crisis sino el rescate hasta el último momento y presentar luego la capitulación como una victoria; aclarar que “donde digo digo, digo Diego”; sostener que si accedió a agarrarse al salvavidas fue cediendo a las súplicas de quienes se lo arrojaban; imponer los recortes brutales a la educación y asistencia sanitaria y dejar impunes a los causantes de la ruina y a quienes se aprovecharon desvergonzadamente de ella. 

El rechazo casi general a la clase política e instituciones estatales, incluido el Poder judicial encarnado por el Dívar de los fines de semana marbellenses —por cierto, ¿por qué y por quién fue nombrado a tan alto cargo en tiempos de Zapatero?— traduce la perplejidad de unos ciudadanos que, desbordados por la magnitud de los problemas que les acucian, no distinguen ya entre los dos partidos políticos, el que originó la ruina y el que la tapó y, a falta de expresar su cólera a gritos, se refugian en la fatalista resignación. Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización, y habrá que exigir responsabilidades como claman los indignados. Como se pregunta Josep Ramoneda en un reciente artículo en estas mismas páginas (Poco pan y peor circo, EL PAÍS, 14-6-12), “¿hasta cuando aguantarán los ciudadanos que nadie defienda sus intereses?” 

Juan Goytisolo es escritor.